Con su característica irreverencia Juhász desafía nuestra apatía a la utopia y nos invita a participar de sus viajes físicos y mentales, donde nos ofrece la oportunidad de adentrarnos en ese mundo fantástico que es su mente de cuentista conceptual y metaficcional. En esta ambiciosa exhibición en el MAC, Juhász nos presenta una serie de instalaciones actualizadas, de proyectos anteriormente expuestos en exhibiciones internacionales en Moscú, Washington DC, Praga, Singapur, Sao Paulo, y más recientemente en su gran exposición en Exit Art en Nueva York.
la magia de Juhász, en que sabe enmarañarnos en su cuento y seducirnos a participar, pero más que nada a jugar y dejarnos sorprender. Su trabajo siempre se ha caracterizado por su humor, sus juegos y la monumentalización, tres aspectos que a los adultos nos remontan a la niñez y a los niños simplemente fascinan.
Charles Juhász-Alvarado manipula los juegos inherentes en su ficción plástica y aparenta dejarlos al azar para que nosotros ingenuamente participemos escogiendo la versión que nos parezca más factible y así también apropiemos sus símbolos. Quizás por esta obsesión en crear su propio mundo de referencias artísticas es que Juhász se ha dedicado mayormente a las instalaciones y al trabajo tridimensional, porque en ese plano abarca el espacio y nosotros participamos fascinados al adentrarnos a camiones, maquinas voladoras, cabezas y hasta una caja de limpiabotas cual si fuéramos todos Los Niños Perdidos rumbo a la Isla de Nunca Jamás y el Peter Pan.




Máquina Voladora, 2008, foto por Antonio Nuñez